Frente a los nuevos fascismos, ecofeminismo

La base conceptual del ecofeminismo es un marco en el que todas nos debemos sentir cómodas porque en ella se recogen todas las demandas de los movimientos sociales. Es decir, construir un suelo social que asegure el respeto a los Derechos Humanos y el reconocimiento a la diversidad fijando un techo ecológico que considere los límites biofísicos del Planeta para construir sociedades sostenibles en el tiempo.

En muchas ocasiones, las personas que somos activistas LGTBI+ debatimos en profundidad sobre las relaciones entre los movimientos por la diversidad sexual y de género y los feminismos, sobre la interseccionalidad, sobre la defensa de los Derechos Humanos, la racialización de las comunidades, los márgenes sociales o la prostitución, cuestiones, todas ellas, que atienden a la crisis social en la que vivimos.

Sin embargo, en estos espacios es habitual olvidar otra de las grandes variables que nos atraviesa y que pone en cuestión nuestra sociedad en sí misma: la crisis ecológica. Corregir a la mayor brevedad esta desconexión es vital ya que ambas crisis (social y ecológica) están íntimamente ligadas y no es posible solucionar la primera sin entender, asumir y afrontar la segunda.

Primero debemos tener claro que ambas están profundamente interconectadas y son culpables del resurgimiento del fascismo. El agotamiento del sistema liberal, consecuencia directa de la sobreexplotación de recursos en un Planeta finito (hemos sobrepasado con creces los límites biofísicos del Planeta), están provocando que la rueda gire y que sea el fascismo el sistema que aparece como alternativa al fracaso liberal. Con un socialismo agotado desde hace décadas, parece que en la concepción humanista de nuestras sociedades occidentales no hay espacio para una cuarta vía. Sin embargo, afirmar que no hay más solución que liberalismo o fascismo es caer en un grave error.

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